Mientras las parejas españolas discuten en Ikea…

Hace unos meses leía una noticia que me dejo conmocionada, en la que nos cuentan cómo una vez más, la realidad supera la ficción. A finales del pasado año, Ikea lanzó un spot protagonizado por unos gatos que campan a sus anchas por el establecimiento. Los gatos, por lo menos, esperan a que se apaguen las luces y las puertas cierren, pero no es el caso de los habitantes de Beijing.

En China, es habitual ver como los trabajadores de la zona, aprovechan un ratito libre para echarse una siesta en mitad de la exposición, algunos incluso se meten dentro de la cama. En el salón podemos encontrarnos a señoras que se plantan allí con su termo de té y su cesta de pin-nic. Y no creáis que Ikea allí no triunfa, los pasillos están abarrotados. Multitudes en todas partes, como viene siendo habitual en el país.

La respuesta de Ikea ha sido de lo más favorable, permitiendo que esto suceda en sus establecimientos. Algunos pensarán que puede dar mala imagen, creo que no pueden estar más equivocados. Me parece un aspecto a explotar: en Ikea los clientes están tan a gusto como en su casa, ¡o incluso más!, no sólo ven una tienda, ven un espacio en el que pasar su tiempo libre. Esos muebles están para probarlos y me encanta como en China se lleva al extremo.

Pero la acción de los gatos en UK no es aislada,  este concepto fue también utilizado en Francia. Este año montaron una habitación en el metro, al más puro estilo de la multinacional sueca, dónde cinco personas convivirían durante 6 días: querían demostrar lo aprovechable que pueden ser 54 metros cuadrados. Años antes ya llenaron el metro con mobiliario de la compañía, donde por ejemplo, esperabas a que llegara tu tren sentado en un sofá. Podríamos extendernos con muchos mas ejemplos…

La reflexión motivadora para hoy, es que deberíamos dejarnos de tantas formalidades y vergüenzas y ser más naturales. En estos tiempos oscuros, parece que la tendencia es perder un poco estos modales. Pedir la comida que sobra de un restaurante ya no es el tabú de antaño; la conversación ya no gira en torno a “lo mío es mejor porque he gastado más”, sino, “yo he sido más listo porque he ahorrado más”.  Este es el punto positivo que le sacamos hoy a la crisis.

Con un plan y buenas ideas, todo se puede cambiar, hasta el color del futuro.